El arroz no tiene techo y le sobra potencial productivo

El arroz no tiene techo y le sobra potencial productivo 08 / 03 / 2021

Medio: Campo en Acción

El entusiasmo dominó la jornada a campo de la Fundación Proarroz, en su campo experimental de San Salvador. En 2020, la actividad se concretó tranqueras adentro pero poco y nada se pudo hacer en materia de exposiciones presenciales durante un año dominado por las restricciones sociales necesarias para hacer frente a la pandemia.

Ya con las habilitaciones pertinentes y bajo el rigor que impone el protocolo de cuidado de las personas, la entidad reunió de manera presencial a productores y asesores para dar a conocer resultados de sus investigaciones. Y en un día climáticamente espléndido, allí estuvo Campo en Acción con la misión de dar cuenta de los hechos que impulsan al fruto de la economía regional que distingue a Entre Ríos en la mesa familiar de millones de personas en el mundo.

“El arroz no tiene techo y le sobra potencial, siempre es necesario el arroz” sentenció el titular de la entidad anfitriona, Hugo Muller, al dar el fundamento del encuentro en el que se pusieron a consideración resultados de rotaciones, cultivos de cobertura y los ensayos de las líneas promisorias, entre otros avances tecnológicos y de manejo.

De la actual campaña aportó que los cultivos están recuperados a pesar del complejo año y anticipó que lograrán multiplicar semillas de calidad para satisfacer las demandas. Especificó que en cuestión de días arranca la cosecha en la provincia como cierre de un ciclo donde el clima acompañó solamente en el último tramo. “Ahora hay que tener cuidado con los retiros de agua para no perder calidad” determinó y remató: “En general, esta campaña es positiva”.

Sumó al análisis que la suba de precios y la baja de impuestos en forma de retenciones y consumo de electricidad son factores que generan optimismo, tanto así que dibujó lo que pretende para el mediano y largo plazo: aumentar el área implantada para recuperar marcas de principios de siglo, cuando rondaban las 100.000 hectáreas. El presente los encuentra a mitad de camino.

Las cosas claras

Un fan de Muller es José Alberto “Chiche” Paoli, el primer presidente de la Fundación Proarroz; la entidad que desde finales de la década de 1980 suma el esfuerzo del Estado por investigar y desarrollar el cultivo con las inversiones del sector privado para que tales labores se hagan como es debido. “Muller le dio impulso a la Fundación, yo apenas fui el que ayudó a dar los primeros pasos de la formación, pero los resultados vinieron luego” remató.

Contó que entonces replicaron lo hecho en la República Oriental del Uruguay y terminaron integrando un grupo de personas focalizadas en favorecer al cultivo. “La problemática era la misma que ahora, mejorar calidad, ganar mercados y sumar genética. Se hizo mucho pero siempre se está en evolución. De 6000 kilos que había en esa época como rendimiento promedio, se pasó a 10.000 u 11.000. Siempre hay margen para evolucionar” sentenció el hombre que ahora invierte la mayor parte de su tiempo en la generación de proteínas animales.

José Luis Colazo, en tanto, contó a Campo en Acción que de la interacción surgen elementos de análisis para avanzar en soluciones y, en ese aspecto, pone en valor las jornadas que emprenden desde la fundación que él integra como hombre del INTA de Concepción del Uruguay.

“Gracias a la articulación pública y privada logramos liderar la producción de semillas de calidad, la variedad Gurí salió de acá y es la segunda más utilizada en Sudamérica” dijo antes de explicar que poner una simiente al mercado demanda más de una década previa de trabajo.

“El reconocimiento llega con los resultados, tenemos un equipo, apostamos a futuro y el desafío es liberar variedades cada vez mejores” contó.

De tradiciones y porvenires

En Proarroz el pasado también es presente y futuro. Lo explica Oscar Henderson, apasionado de Yeruá, el grano que lleva 50 años en el mercado y aún entona la demanda como en los primeros años de la década de 1970. “Es un material que resiste el paso del tiempo por su calidad y sanidad, además lo siguen pidiendo. Se lo registró en 1967 pero lo requieren porque es un buen doble, de milosa alta, que absorbe bien los sabores”. Para disipar dudas de algún desprevenido vale la pena precisar que Yerúa es el arroz que más comen en los países árabes y en Turquía.

En contraposición, el especialista de INTA Fernando Cattaneo dio un panorama de lo que proponen de cara al futuro a partir de la estatura que va logrando Memby Porá, grano logrado tras 14 años de investigación que ya lleva tres en el mercado.

Describió el lanzamiento como un material de estabilidad ambiental, con rindes comparables a los de Gurí pero es más elástico ya que tiene capacidad de implantación en bajas temperaturas lo que permite sembrar antes y ganar la competencia a la maleza.

Motivado, también contó que capta más energía solar y esos se traduce en rendimientos. “El producto final debe ser de excelencia para acceder sin restricciones a cualquier mercado y con Memby lo hicimos posible”.

Por su parte, Héctor Rodríguez dio cuenta del trabajo para saber más sobre cultivos de cobertura sobre arroz. “Este es el primer ensayo que se realiza” avisó el especialista de INTA, quién ya recorrió la mitad de un ciclo de investigación que demanda ocho años. Contó que no todas las especies de la región pampeana pueden utilizarse en el arroz y que en el ensayo de largo plazo evalúan tréboles y vicia.

“Los tréboles son los que más se adaptan y el alejandrino en particular es el que mejor desempeño mostró en cobertura” aportó en relación a lo visto hasta ahora.

Precios locos

De consumo, tendencias y mercados habló Fabián Francese en un momento de la recorrida y a Campo en Acción no dudó en decir que “la campaña 2020 fue excepcional ya que la pandemia impulsó el consumo en el mundo y los precios tuvieron una fuerte corrida. Cuando la gente entendió que no faltarían los alimentos los precios se normalizaron pero quedaron altos”.

Marcó como dato que el consumo creció y llegó a 11 kilos por persona al año, cuando lo habitual es nueve.

Aportó que los productores se entusiasmaron por crecer en superficie peros se toparon con la sequía que complicó el esquema y condicionó la toma de decisiones. Finalmente, describió, se terminó sembrando menos y tras las lluvias de diciembre concretaron siembras tardías que aumentaron el área implantada. Tal escenario, definió, se replicó el conjunto del área arrocera del Mercosur.

El experto advirtió que la suba de precios signó la campaña pasada y que en la actual prevé valores más acotados. “La pandemia cambió hábitos y la gente consumió más arroz pero las industrias trabajan con precios controlados, razón por la cual no hay chances de corregir valores”.

Daniel Aguilar / Campo en Acción